Independencia de México- primera etapa
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La independencia de México fue la consecuencia de un proceso político y social resuelto con las armas, que puso fin al dominio español en la mayor parte de los territorios de Nueva España y dio inicio al Primer Imperio Mexicano. La pérdida de esta posesión tuvo una importancia decisiva para la economía del Imperio Español, ya que los ingresos mexicanos representaban el ochenta por ciento del total de los caudales americanos al final del periodo colonial. La guerra por la independencia mexicana inició el día 16 de septiembre de 1810, hasta la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el día 27 de septiembre de 1821.
Muchos de estos enfrentamientos tenian relacion con cuestiones agrarias, como por ejemplo la tenencia de la tierra y el control del agua. A lo largo de los tres siglos de dominio español hubo varios estallidos. El mestizaje entre español, indígenas y africanos dio como resultado un número de grupos cuya posición estaba determinada por la cantidad de sangre española que poseían. El sistema aspiraba a mantener la supremacía de la sangre española, y aunque nunca tuvo base legal, no siendo más que una nomenclatura aceptada, reflejó la división y la exclusión existente en la Nueva España, donde los grupos no españoles ocupaban un lugar marginal en el sistema social.
Inicio de la guerra (1810-1811)
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| Biografia de Miguel Hidalgo (biografiasyvidas.com) |
Los sublevados tuvieron que
huir hacia el norte, donde esperaban encontrar el apoyo de las provincias de
esa región que también se habían lanzado a las armas. Los líderes de la
insurgencia fueron capturados en Acatita de Baján (Coahuila). Una vez
arrestados fueron enviados a Chihuahua. En esta ciudad fueron fusilados
Hidalgo, Jiménez, Allende y Aldama, cuyas cabezas fueron enviadas a Guanajuato
para que fueran expuestas en las esquinas de la alhóndiga de Granaditas.
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| Josefa Ortiz de Domínguez - Biografía de Josefa Ortiz de Domínguez (biografias.es) |
Ignacio Allende y Mariano
Abasolo estuvieron entre los simpatizantes de los conjurados de
Valladolid. Cuando esta fue descubierta, organizaron una nueva conspiración que
tuvo su sede definitiva en Querétaro. Las reuniones se realizaban de
manera clandestina en casa del corregidor, Miguel Domínguez. Allende
estaba al frente de los conjurados, entre quienes se encontraban el propio
corregidor, Miguel Hidalgo y Costilla, Juan Aldama y Josefa
Ortiz. El grupo de conjurados buscaría en primera instancia la destitución de
los españoles en puestos de gobierno, apoyados por un levantamiento que iniciaría
el 1 de octubre.
La conspiracion fue denuncida el 9 de Septiembre por Jose Mariano Galvanl legaron
a oídos del comandante Ignacio García Rebolledo, que dispuso el cateo a la casa
y la aprehensión de los hermanos González. Josefa Ortiz envió como mensajero a
Ignacio Pérez para avisar a los conspiradores en San Miguel el Grande,
después fue presa en compañía de su marido y otros conspiradores.
El aviso de la Corregidora
llegó a Juan Aldama, y fue él quien lo llevó hasta Dolores el 16
de septiembre. Con ayuda de presos que liberaron de la cárcel, los insurgentes
capturaron al delegado Rincón y se dirigieron al atrio de la parroquia del
pueblo. En ese lugar, Hidalgo convocó a los asistentes a levantarse contra el
mal gobierno, en un acto que es conocido como Grito de Dolores y se
considera el inicio de la guerra por la independencia mexicana. Al paso de
los días algunos de los presos de Querétaro fueron puestos en libertad, aunque
otros sufrieron el destierro.
A partir de Dolores, el
movimiento encabezado por Hidalgo se movió por varios puntos del Bajío, una de las
más prósperas regiones de Nueva España. El número de tropas es desconocido.
En Atotonilco tomaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe,
que es considerado emblema del movimiento.
En las poblaciones del oriente
de Guanajuato se unieron al contingente mineros y peones de haciendas aledañas,
mal armados y entrenados. Cuando llegaron a Celaya el 21 de
septiembre de 1810, los insurgentes podrían haber sumado veinte mil
hombres. Celaya fue saqueada por los insurgentes, aunque Aldama y otros
soldados de carrera intentaron inútilmente contener a la masa. Tras este
episodio, Hidalgo fue proclamado "Capitán General de América" por
encima de Allende, que tuvo el rango de teniente general. Después de
apoderarse de Salamanca, Irapuato y Silao; el ejército
insurgente llegó a Guanajuato el 28 de septiembre. A pesar de
las simpatías que despertó inicialmente, el movimiento de Hidalgo fue mal visto
por las clases medias y altas, pues los líderes eran incapaces de contener a su
tropa. Por el mismo motivo comenzaron a hacerse más visibles las diferencias
entre Allende e Hidalgo.
El apoyo a los insurgentes en
Guanajuato era evidente. El intendente Riaño se parapetó con su tropa
en la alhóndiga de Granaditas —uno de los edificios más fuertes de la
ciudad— y envió cartas solicitando apoyo militar al virrey Venegas, a
la Real Audiencia de Guadalajara y a Félix María Calleja, jefe
de las tropas realistas de San Luis. La ayuda no llegó. Por su lado
Hidalgo, antiguo amigo de Riaño, solicitó la capitulación del intendente, pero
este se negó y fue uno de los primeros en morir. Después que «el Pípila»
incendió la puerta principal, Hidalgo y los insurgentes tomaron la
alhóndiga. La ciudad fue saqueada nuevamente, hasta que Hidalgo emitió condena
a muerte para los responsables.
En respuesta al avance de los
insurgentes, el virrey Venegas publicó un bando ofreciendo una recompensa de
diez mil pesos por las cabezas de los líderes de la insurrección. Félix
María Calleja y Roque Abarca se pusieron en marcha para cercar la rebelión
Hidalgo inició el avance por otras ciudades del Bajío el 8 de octubre de 1810. A su paso se sumaron más personas y llegó a tener reclutados hasta sesenta mil hombres. Los insurgentes se dirigieron a Valladolid (Michoacán) y en Acámbaro apresaron a Diego García Conde, enviado a defender la capital michoacana. Agustín de Iturbide contaba con sesenta hombres para defender Valladolid pero, teniendo noticia del número de los insurgentes, rechazó el ofrecimiento de Hidalgo para unirse a la tropa y abandonó la ciudad, seguido por el obispo Abad y Queipo. Valladolid fue tomada pacíficamente el 17 de octubre. El aumento del número y desorden del ejército provocaron algunos roces entre Hidalgo y los militares de carrera. En Acámbaro, Hidalgo recibió el grado de Generalísimo de América y Allende, de Capitán General.
Los insurgentes avanzaron
hacia el valle de México. Para hacer frente a la rebelión, el destacamento
de Torcuato Trujillo realizó reconocimientos en el área de Ixtlahuaca,
pero ante el avance del numeroso ejército de Hidalgo, decidió reforzar a
Mendívil en Lerma y el puente de Atengo. Los rebeldes avanzaron
por Santiago Tianguistenco. El 30 de octubre de 1810 los
insurgentes derrotaron a los españoles en el monte de las Cruces, gracias
a la estrategia de Abasolo, Jiménez y Allende. Al terminar
la batalla, los insurgentes se apoderaron de armas y municiones del ejército
realista, cuyos remanentes —incluyendo a Iturbide— huyeron a Ciudad de
México. Al día siguiente Jiménez y Abasolo fueron enviados a una negociación
fallida con el virrey, que se negó a capitular ante la inminente llegada de
refuerzos. Hidalgo optó por volver a Valladolid, decisión que tensó más la
relación con Allende y provocó la deserción de la mitad de la tropa.












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